La ciudad cayó. Los edificios no.
Tras el brote, cada bloque de apartamentos, hospital y centro comercial se convirtió en una bóveda: lleno de suministros, lleno de muertos. Los supervivientes entran piso a piso, con un fusil, una mochila y una salida.
Tu arma dispara sola; tú eliges dónde ponerte, cuándo avanzar y cuándo retroceder. Los armarios guardan chatarra, medicinas y objetos de valor, las puertas reforzadas esconden las mejores salas y algunos pisos despiertan a la horda.
En la azotea espera un jefe mutante. Mátalo y resiste en la azotea hasta que aterrice el helicóptero, o baja al punto de extracción con lo que hayas podido cargar.



















